viernes, 26 de noviembre de 2010

El ROMANTICISMO de Dolores Veintimilla de Galindo

Escrito por: María José Cevallos

A medida que el tiempo pasa, nuevos estilos se hacen presente en el medio artístico, en este gran mundo de la literatura, existe una necesidad por parte del escritor de mostrar una realidad o una forma de sentir siempre bajo una perspectiva subjetiva, es por eso que para el siglo XIX una nueva tendencia literaria procedente de Europa aparecía en América Latina (aunque con pronunciada dilación), siendo esta precisamente una reacción contra el neoclasicismo; este mismo era lo que se conoció como Romanticismo y que hasta días actuales sigue vigente en la literatura.
Esta inclinación literaria, se la presumió dividir es dos facetas en lo que corresponde a Hispanoamérica; el romanticismo social y el romanticismo sentimental. Algunos escritores como Esteban Echeverría, José Mármol  y Jorge Isaacs figuran como promotores de  mencionadas tendencias literarias.
En Ecuador Juan León Mera y Juan Montalvo parecen ser nombres muy eminentes al momento de hablar de romanticismo. Ellos lograron ser considerados como los precursores de este género con obras como “Cumandá” y “Ensayos”, respectivamente.
No obstante, existió todo un lucido grupo de escritores ecuatorianos como Numa Pompilio Llona, Miguel Riofrío y Julio Zaldumbide que fueron el núcleo para que se los pueda considerar  toda una generación de escritores.
Individualismo, el vivo sentimiento, la naturaleza, el inconformismo y demás temas afectivos de distintas connotaciones se encuentran presente en las vastas obras del romanticismo.
Es necesario mencionar la importancia que cada uno de estos escritores tuvieron mediante las obras que dejaron, sin embargo, para este reciente artículo tomaré muy  en cuenta el nombre de Dolores Veintimilla de Galindo. Formó “La primera familia cuencana”, en 1854, que consistió en una congregación de escritores cuencanos, los mismos que llevaban una formada actividad cultural. Las circunstancias que en la vida de esta poeta quiteña se presentaron parecieron ser el pincel que fielmente pintaría su angustiosa vida amorosa. Los versos uno tras otro nacían bajo el manto de una profunda insatisfacción sentimental engendrada por la falta de fidelidad por parte de su esposo. Ciertamente esta  situación fue una clave que originó aún más aquella sensibilidad que llevaba dentro de si. A esta realidad se le agrega su miserable situación económica y las calumnias que se levantaron contra ella. Esto sustancialmente, la llevo a dirigirse paso a paso a su última morada, puesto que tras una presión y un hundimiento espiritual interminable tomó la decisión de suicidarse, no antes dejando una carta a su madre.
“Perdón una y mil veces…No me llore. Le envío mi
Retrato, bendígalo; la bendición de una madre
Alcanza hasta la eternidad. Cuide de mi hijo y dele un
Adiós al desgraciado Galindo. Me he suicidado…”.

En su obra poética la presencia de angustia se convertía en la dueña de cada uno de sus versos, siendo estas líneas los más íntimos testigos de su irreversible frustración ante todo.

¡Oh! ¿Dónde esta ese mundo que soñé
allá en los años de mi edad primera?
¿Dónde ese mundo que en mi mente orlé
De blancas flores?... ¡Todo fue quimera!

Demás obras poéticas como “Mis Visiones”, “Mi vigilante mirada”, “No más quebranto”, “A mis enemigos”, “Anhelo”, “Sufrimiento” son una muestra de ese deprimente vivir .Sin embargo una de las obras que mas relevancia tuvo es “Quejas”, siendo este mismo el que de mejor manera cristaliza el inmortal espíritu de un ser romántico.

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